LOS SERES

Había un «lugar» (Estado de Ser) donde los seres que habitaban convivían con tranquilidad y Amor, un estado de inefable Consciencia. Debido a su capacidad de desarrollo, eran capaces de percibir lugares del universo en los que el estado de Consciencia era menor o inexistente, y carecían de tranquilidad y Amor.

Llevaban tiempo percibiendo un lugar donde la consciencia no estaba muy desarrollada, un lugar donde había una disputa entre la inconsciencia que allí estaba generalizada y la consciencia que en algunos actos y pensamientos de sus habitantes estaba por despertar. Esto no pasaría hasta que una gran mayoría de sus habitantes estuviesen y permaneciesen suficientemente conscientes, con pensamientos y actos de tranquilidad y Amor.

Tras reunirse aquellos seres, decidieron que aquel lugar necesitaba un empujoncito para salir del sufrimiento que los actos y pensamientos de sus habitantes generalizaban y producían. Necesitaban colaboración, para discernir y dar el último empujón para un lado de la balanza, para que la inconsciencia continuara o para que la consciencia se estableciera.

Decidieron que bajaría uno de ellos, y que con el mismo aspecto que los habitantes de aquel planeta, tendría que crecer como ellos, ver aquel mundo, y una vez preparado, recordar el porqué de su permanencia en aquel lugar, ya que debido al viaje y al cuerpo en el que iba a habitar, no lo tendría presente ni recordaría desde el principio.

Aquel ser fue enviado al planeta, pero al crecer como ellos, los pequeños momentos de claridad en los que vislumbraba su conexión con su auténtico hogar, los pasaba por alto, permaneciendo atrapado en la inconsciencia de aquel planeta.

Entonces decidieron enviar un grupo más numeroso, para que al coincidir en aquel planeta les resultara más fácil recordar y así permanecer de forma consciente y con ello, que la forma de interactuar fuera calando profundamente.

Alguno que recordó sin demasiada claridad, impregnado de cierta inconsciencia del planeta visitado, quiso destacar entre ellos, proclamando su inexistente superioridad. Otros, al ver que no influían para inclinar la balanza del lado de la consciencia o que eran recriminados, se alejaban de aquellos habitantes. Otros, al encontrarse, se enfrentaban. Alguno que recordó y permanecía acorde a su verdadero estado de tranquilidad y Amor, los habitantes de aquel planeta comenzaban a adorarle, a hacer doctrina de sus palabras, intentando entender el mensaje explicado, en vez de experimentarlo y actuar acorde a él.

Continuaron bajando más seres de aquel lugar, y los mensajes de Amor y Tranquilidad iban envolviendo a aquellos habitantes. Incluso despertó en algunos de ellos una oculta pero viva experiencia en su interior, algo que habían pasado por alto y que debido a la inconsciencia del planeta no escuchaban con atención. Una experiencia tan reveladora, con el poder de transformarles y a la vez tan sencilla, «yo no soy de aquí», «mi mundo no es este», «mi reino no es de este mundo», «yo no soy lo que veo»…

Había un mensaje oculto que ni muchos seres que habían ido al planeta habían experimentado. En realidad, aquellos habitantes de aquel planeta inconsciente, también eran seres como ellos, con la consciencia intrínseca en ellos, pero que debido a la inconsciencia del planeta, habían olvidado y dejado de experimentar. Así que no tenía sentido alguno separarse de ellos, pues todos eran iguales, pero algunos no lo recordaban.

Todos procedían del mismo lugar, de ese estado inefable de Amor y Tranquilidad, pero algunos aún no lo habían experimentado. Así que no había necesidad de considerarse superior, tampoco tenía sentido creerse inferior, pues en esencia Todos Son Uno, y los que recuerdan han de actuar en consecuencia para que aquellos que aún no vislumbran la inmensidad que hay por experimentar, puedan hacerlo al contemplar el modo consciente de interactuar, y por fin llegue el momento en el que Todos recuerden, y así puedan convivir con la Consciencia que en ellos habita, con Tranquilidad y Amor.

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